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Poseídos 9 de agosto de 2012

Posted by Alejandro Luna in Uncategorized.
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Enciendo un cigarrillo tras otro, de repente un grito de angustia sale de mi boca. La respiración se hace entrecortada y sólo soy un manojo de nervios anhelantes y temerosos. Pero la multitud tiene una energia que me arrastra y no me permite ver que mi cuerpo está tan tomado como los de todos a mi alrededor. Los cuerpos saltan y cantan al unísono, la sensación es grandiosa. Y de repente el summun, la descarga, la catarsis… abrazos indiscriminados, llantos… es gol de San Lorenzo!…

Me doy cuenta que algo me ha poseído, pero tengo la posibilidad de ver bien de cerca -desde adentro- el abanico de respuestas y reacciones que mi cuerpo siente y expresa. La posesión es colectiva, arquetípica, y en el contexto de los torneos deportivos enfrenta clanes contra clanes.

¿Por qué el yo necesita perderse en una multitudinaria simbiosis colectiva? ¿Cómo puede uno interesarse por el proceso de individuación mientras por otro lado chapotea feliz (simbólicamente) en la sangre del enemigo derrotado?

Es ganarle a la otra tribu lo que aumenta mi sentido de pertenencia. Tribu contra tribu. Cáncer contra Cáncer es Escorpio. (Cuarto signo más cuarto signo da octavo signo, el conflicto permanente). Las dos serpientes que vemos pelearse a muerte son un mismo ser, tienen un mismo origen. River y Boca provienen del mismo barrio.

Sea en el contexto que sea (deporte, familia, creencias), uno debe tolerar la información que llega por dos lugares diferentes. Hay un doble vínculo entre el deseo de individuación y el deseo de pertenencia. Como todo doble vínculo, es imposible que el problema se resuelva en el mismo nivel en que fue planteado.

Cuando puedo conectar totalmente con las dos informaciones, me doy cuenta que todo está basado en un paradigma maniqueo de victoria o derrota, premio o castigo, cielo o infierno. En el mismo momento en que estoy festejando alocadamente un gol, me reconozco en el sufrimiento del otro, en el dolor del rival derrotado.  Y ahí algo puede realmente empezar a entender, a sentir, a fluir.

Cuanto más nos tome lo colectivo (sea en el contexto que sea) uno da respuestas cada vez más arquetípicas y pre-programadas. Aceptar sinceramente lo que uno es puede provocar revulsión. Pero ¿cómo podemos anhelar la fraternidad, la igualdad, el respeto por las diferencias (Acuario) si no reconocemos nuestras necesidades mamíferas egoicas (Cáncer/Leo) de las que todos los humanos partimos? Para llegar de Cáncer a Acuario primero hay que “morir” en Escorpio.

Despegarse de las sensaciones tribales no puede no provocar angustia. Dificilmente podamos sentir la inteligencia Acuario/Piscis (inmanente/trascendente) si siempre permanecemos seguros y reconocidos en nuestras identificaciones de siempre.

Nota completa en la revista Uno Mismo de agosto 2012.

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